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Alhambra Alta, "Medinat al-Hamra"
Entramos a la Alhambra por los jardines del Generalife, atravesando después el Puente Nuevo. Pero el acceso entre el castillo y el Generalife, en la época musulmana, pasaba por el fondo del barranco y, en la otra vertiente, la Puerta del Hierro. Cuando la Alhambra fue declarada monumento nacional en el año 1870, este camino fue abandonado y, para mayor comodidad de los visitantes, se construyó el puente.
El antiguo acueducto de la Alhambra corre paralelo al puente. Fue construído en el siglo XIII por el fundador de la dinastría nazarí, el Sultan Alhamar, y se alimentaba aguas arriba en el Darro, regando primero el Generalife y después la Alhambra. La Torre del Agua se levanta en el fondo.
Vemos los restos de esta Acequia Real en el interior de la muralla, en el lugar donde se rompió para dar paso al camino.
Pasamos, a nuestra izquierda, la Puerta de los Siete Suelos. Se llama así porque antiguamente estaba defendida por una puerta exterior, mucho más grande y parecida con la Puerta de la Justicia, que tenía siete niveles o peldaños. El último Sultan de Granada, Boabdil, salió por ella cuando se rindió a los Reyes Católicos durante el invierno de 1491, y una de sus condiciones era la de sellar esta puerta para siempre.
La ciudad de la Alhambra - Medina al-Hamrat - fue excavada en el siglo XIX, dejando a la vista los cimientos de casas lujosas, algunas con su propio baño.
Más abajo, vemos los restos del palacio del clan rebelde de los Abencerrajes, los que fueron masacrados por el Sultan Muley Hassen.
Monasterio de San Francisco
El nombre actual de este antiguo monasterio es el Parador de San Francisco, pero la parte que nos interesa no es el hotel de lujo, sino los restos que podemos ver en su interior de las construcciones anteriores, moras y cristianas. En el fondo de esta foto, a la derecha, se ve la torre blanca del Generalife.

En la época de los nazaríes, hubo aquí un palacio con su propio oratorio o mirhab. Cuando los Reyes Católicos asediaban Granada, Isabel prometió que, después de la victoria, mandaría construir un monasterio en la Alhambra, como tributo a su santo preferido. Los monjes ocuparon el antiguo edificio musulmán, y cuando murieron los Reyes fueron enterrados aquí, esperando que se terminara la construcción de la Capilla Real.
Se dice que el traslado de sus huesos, por la Cuesta de Gomerez y Plaza Nueva, fue el acto más solemne y pomposo que los granadinos hayan visto jamás. Fue acompañado por delegaciones de todos los grupos sociales, incluso los moriscos, llevando su vestimienta tradicional.
En el siglo XVIII, el viejo edificio musulmán fue reconstruido en el estilo clásico, y el patio interior se transformó en el claustro del monasterio.
Tan sólo la alcoba dónde se encontraba el altar de la iglesia, y dónde fueron enterrados los Reyes, fue conservada, en recuerdo de su real estancia, como lo recuerda la placa de mármol, colocado ya en nuestros tiempos.
Cuando el monasterio fue desamortizado, los monjes se marcharon y el edificio fue utilizado primero como casa de vecinos y después como establo para burros. Como se ve en esta antigua foto, estaba a punto de ser demolido cuando un grupo de intelectuales granadinos lo restauraron, a principios del siglo XX. El techo de la iglesia se había hundido, pero se decidió dejar la nave descubierta.
Al lado de este "falso" patio, pasamos a lo que era el jardin interior del palacio moro, y que fue utilizado por los monjes como claustro, reconstruyéndolo después en el estilo clásico del siglo XVIII. La única huella de su carácter anterior es la pequeña alberca que cruza su suelo, recordando el "patio de la acequia" del Generalife.

Iglesia de Santa María de la Alhambra
Esta iglesia, grande pero no muy bella, fue construída en el emplazamiento de la Gran Mezquita de la Alhambra, lo que explica la proximidad de los baños. Otro recuerdo, más emocionante aún, lo conserva la placa de mármol que se alza en la columna delante del templo, y que cuenta la historia de los dos monjes que se dirigieron al reino moro para pregonar su fe a los herejes. Lo hicieron delante de la mezquita, y encontraron el martirio que buscaban, a manos y por la espada del mismo Sultán que nos legó el Patio de los Leones.

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