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Torre de Comares

 

Los dos grandes palacios que se han conservado hasta nuestros días son conocidos tradicionalmente como la Torre de Comares y el Patio de los Leones. Pero los moros los llamaban por el padre y el hijo que, respectivamente, los crearon: Yusuf I y Mohammed V, cuyos reinos respectivos ocuparon gran parte del siglo XIV. 

 

 

 

 

 

 

 

El nombre Comares se explica de varias formas contrastantes.  Unos pretenden que se refiere a las vidrieras - amariyya - que cubrían sus ventanas, otros dicen que viene del pueblo malagueño de Comares dónde se habrán fabricado los cristales.  Y el autor libanés Amin Maluff pretende que viene del árabe kamar, por lo cual sería Torre de la Luna, esto porque los astrólogos lo utilizaban para estudiar el cielo nocturno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Quizás el rasgo más distintivo de un palacio moro, desde el punto de vista occidental, es que no se entra por una gran puerta monumental, sino por una puerta lateral, relativamente discreta. La fachada del palacio de Comares está enmarcada por uno de los muros más bellos de la Alhambra, pero parece modesto y pequeño comparado con la escena grandiosa que nos espera a la salida de su retorcido pasillo.

 

 

 

 

La gran alberca tiene su nombre de los mirtos que creen alrededor, en hispano-árabe arrayanes. Los hijos que tuvo el Sultán con sus cuatro esposas legítimas vivían en el edificio alto que se ve a la derecha cuando entramos. Parte de este pabellón fue destruido para dejar paso a la construcción del Palacio de Carlos Quinto.  En el fondo se ve la torre de la iglesia Santa María de la Alhambra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las esposas legítimas del Sultán - pues el Corán sólo le permitía cuatro - vivían en los apartamentos de las plantas superiores, a cada lado del patio.

 

 

 

 

 

 

 

 

La gran torre almenada encierra la Sala del Trono, o Sala de Embajadores, donde el Sultán recibía a sus visitantes oficiales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La antecámara de la Sala del Trono es conocida como la Sala de la Barca, porque se ha pensado que la forma de su techo se parecía a una nave. Pero se trata de una confusión con la voz árabe báraka, sea "bendición", pues los muros están grabados con alabanzas al Sultán que la construyó, Mohammed V.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mientras avanzamos hacia la sala principal de la torre, vemos estas pequeñas hornacinas, donde se disponían jarras de agua fresca para humedecer los labios de los que visitaban al Monarca. Se llaman en árabe taca, armario, origen de nuestra voz taquilla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la alcoba, a la derecha, vemos el interior de una pequeña mezquita, donde el Sultán se recogía para orar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las vidrieras que cubrían las grandes ventanas de la Sala de Trono, ya reemplazadas por celosías de madera, entrecortaban la sombra del interior de rayos iridiscentes. El Sultán se sentaba en la alcoba central, rodeado de un aura multicolor, cuando recibía a sus visitantes.  Tristemente, las vidrieras fueron destruídas por la famosa explosión del arsenal en el año 1590.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las ventanas superiores, más pequeñas, tienen un encaje fino de yesería abierta, que ilumina los delicados dibujos de la pared.

 

 

 

 

 

 

 

La gran maravilla de esta sala tan singular es, sin duda, la cúpula, con su representación del universo según el Islam. Los moros eran maestros de la incrustación, y compusieron este gran cielo estrellado utilizando pequeñas piezas pintadas de cedro, exactamente como la taracea que se encuentra en el mercado de artesanía alrededor de la Catedral, en la forma de cajas y tapas de mesa.

 

 

 

Pinche aqui para leer extractos de  Granada, tierra soñada por mí

 

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