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la torre del poder

        Cuando el poder cambió de manos, la Torre de Comares sirvió de escenario para tres históricos actos de Estado.

        Aquí, en los últimos días del año 1491, el Sultán Boabdil celebró el triste consejo que decidió rendirse a los castellanos, que sitiaban la ciudad desde su campamento de Santa Fe. No tuvieron los granadinos que deliberar mucho, pues sabían que su causa estaba perdida. Y se acordaban del patético fin de los habitantes sitiados de Málaga, no tantos años antes. Allí, los cristianos prometieron que si los moros no se rendían - obligándoles así a tomar la Alcazaba por la fuerza - serían todos vendidos como esclavos, promesa que, después de la batalla, se cumplió sin merced. Poco después de la toma de la ciudad, la Reina Isabel recibió aquí a Cristóbal Colón, autorizándole a realizar su viaje. Dice la leyenda que empeñó sus joyas para financiar la expedición, pero la verdad, menos romántica, es que pidió el dinero prestado a un usurero valenciano.

        El judío esperaba que así escaparía de la expulsión, si la terrible cosa se hiciera un día realidad. No se equivocó el valenciano en cuanto a la expulsión, pero sí respecto a la indulgencia. Aquí de nuevo, el día 31 de marzo del mismo año, los Reyes Católicos decretaron que todos los judíos que no se convirtiesen serían expulsados de España. Así, de un sólo golpe, se desencadenó la diáspora sefardita por toda Europa, y principalmente por los países del Imperio Otomano.

        Los judíos quizás se hubieran salvado si el miedo que los Reyes tenían de la vergüenza pública no fuese aún mayor que su deseo de oro. Consideraron muy seriamente la oferta de un regalo de 30.000 ducados por parte de la comunidad hebraica a cambio de anular la real orden. Pero la Santa Iglesia, en la persona del temido Inquisidor Fray Torquemada, guardaba un rencor muy especial contra los judíos, ya que muchos de ellos se habían convertido en cristianos para escapar de los tributos, pero practicaban el judaísmo en sus casas.

        Cuando Torquemada se enteró de que los Reyes estaban tramando un arreglo, irrumpió en la reunión que celebraban con el emisario de los israelitas y, levantando un crucifijo de plata delante de sus ojos, gritó, “¡Cristo fue vendido por un judío por treinta piezas de plata, y vosotros vais a vender España por treinta mil ducados!”, tirando el crucifijo a sus pies antes de abandonar la sala. Con pesar, los Reyes, cuyas arcas estaban vacías debido a las muchas batallas que tuvieron que librar para conquistar Granada, cancelaron las negociaciones por miedo a la.oposición de los eclesiásticos, y los judíos fueron expulsados.

 

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