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Generalife
Este palacete encantador, con su vista de la Alhambra, no fue, como dicen algunos, el refugio veraniego de los sultanes, sino un retiro campestre y chalé de caza donde el monarca, acompañado de sus esposas, se recogía para escapar del bullicio del palacio.

Los Condes de Tendilla, cuyo antecesor, Iñigo de Mendoza, recibió el palacete como regalo de los Reyes Católicos después de la conquista, lo reformaron en el siglo XIX. Añadieron una planta a los dos pabellones y abrieron ventanas arqueadas en el muro Sur. Y le dieron al Generalife su rasgo más característico, con la instalación de las fuentes al estilo italiano que se entrelazan en el aire antes de caer, ruidosamente, en la larga alberca.
Cuando comparamos el patio del Generalife a otros jardines de la Alhambra, queda claro que se aleja mucho del modelo ideal del espacio totalmente cerrado, con tan sólo una fuentecilla en cada extremo de la alberca, cuyo sonido apenas rompe el silencio.
Pero a pesar de una cierta falta de autenticidad, el Generalife es sin duda el rincón más querido de la Alhambra, gracias a sus jardines, sus vistas y sus caudales de agua. El propio nombre del Patio de la Acequia se refiere al canal que le atravesaba, antes de suministrar de agua al gran castillo y su medina.
En la época musulmana, el largo muro lateral era liso, salvo el balcón central, dónde el Sultan podía asomarse para contemplar su palacio y tomar el fresco del atardecer.


Los cristianos abrieron las ventanas puntiagudas, pintando algunas con el lema que se atribuye a los Reyes Católicos, TATO MOTA. Se dice que la extraña abreviación significa Tanto Monta la Reina como el Rey. Como Reina de Castilla, Isabel era más poderosa que su marido, Rey de Aragón, y el lema, pretenden, le recordaba que la coalición de los dos reinos les daba derechos iguales.*
A pesar de la nueva planta construida encima del pabellón Este, la yesería de las arcadas se conserva con toda su delicadeza original. Recordando, claro está, que se trata de una réplica realizada en la época moderna, imitando el decorado original.

Una de las leyendas más populares de la Alhambra cuenta del amor entre la esposa del Sultan y un caballero del clan de los Abencerrajes, que se declaró a la sombra de este árbol, conocido como el Ciprés de la Sultana.
Según la leyenda, cuando los amantes fueron descubiertos, el Sultán mandó masacrar a todos los varones del clan. Nótase cómo el arbol, de tan viejo, tiene que apoyarse en una cincha de hierro para no caer al agua...
La escalera del agua es uno de los detalles más encantadores de la Alhambra, y es auténticamente mora. A la gente del desierto les gustaba ver correr el agua en todos los sitios, incluso por las pasamanos de sus escaleras.

Tanto Monta
Los historiadores modernos dicen que lo de Isabel siendo igual que su marido no es más que una leyenda inventada por los historiadores del siglo XIX, que deseaban glorificar el recuerdo de la Reina como símbolo nacional. En realidad, pretenden, se trata del lema y del escudo personal de Fernando, diseñado para simbolizar su carácter impetuoso, comparándolo a Alejandro Magno cuando cortó el nudo gordiano. Los sacerdotes le decían al Rey de Macedonia que sólo él que conseguía deshacer el complicado nudo que conservaban en su templo, atado alrededor de un yugo, sería conquistador de Asia, y Alejandro, siempre impulsivo, encontró una solución rápida al reto cortándolo con su espada. Según sus admiradores, el Rey de Aragón hubiera expresado su desprecio para un obstáculo parecido de la misma manera, diciendo "¡Tanto monta!", o sea, "¡Da lo mismo!", y la expresión quedó siendo su lema.
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