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Una historia de Granada, pequeñita y dulce como una semilla de granado

 

En el principio hubo Ilbyr. Una tribu errante, cuyo nombre nos será siempre desconocido, construyó sus chozas en la cumbre del cerro que se alza en la orilla occidental del río, cerca de donde vierte sus aguas en la vega. Cuando llegaron los romanos, establecieron su puesto militar en los cimientos de la ciudadela, llamándola Iliberis. Pero, antes de la llegada de los romanos, trajo la Diáspora a un grupo de judíos buscando afincarse en las tierras del Poniente mediterráneo. Se establecieron en el cerro de la orilla oriental, y protegieron su ciudadela con un castillo, dándole un nombre de significado incierto - tal vez “fortaleza ” - que nos llega hoy como Granada. .

Cuando los árabes invadieron lo que había sido la colonia imperial de Hispania - ya en manos de los visigodos - a principios del siglo VIII, ocuparon la fortaleza, cuyo nombre se arabizó como Elvira. Llamaron la ciudadela del lado opuesto del río Garnata-al-Yahud, “Granada de los judíos”, siendo este el nombre que predominó cuando las dos ciudades se fusionaron más tarde. Durante más de cinco siglos, la ciudad árabe tuvo como centro esta fortaleza, o Alcazaba, que terminó siendo llamada la Alcazaba Kadima, o “fortaleza antigua ”.

Pero los cristianos desplazados en el norte del país continuaron su lucha para expulsar a los musulmanes. Lentamente el circulo se cerró alrededor de los reyes islámicos de al-Andalus. Cuando cayeron sus ciudades más importantes, Córdoba y Sevilla, muchas de sus gentes huyeron a Granada. Trajeron con ellos riqueza y talento, y pronto se hizo necesario construir un castillo mucho más grande y fuerte, y como emplazamiento se eligió el largo tajo en la otra orilla del río. Los primeros torreones se colocaron en el extremo sur de la meseta, parcialmente ocupada por la fortaleza de los judíos, que se reconstruyó, encerrándola en el recinto de la nueva alcazaba. Tal vez porque estaba recubierta de barro rojizo que brillaba cuando reflejaba los rayos del sol poniente, la gente del Albaicín la llamó “El Castillo Rojo ” - Calat al-Hamra - o sea, traducido palabra por palabra, “Castillo el Rojo ”.

Un siglo más tarde, los cristianos lanzaron una nueva serie de ataques, haciendo retroceder la frontera una vez más y enviando una nueva ola de refugiados a Granada. El efecto inmediato del desastre fue el de transformar Granada en la ciudad más rica e importante de al-Andalus, motivando a los reyes de la dinastía Nazarí a construir un magnífico palacio junto a la Alcazaba, con salas y jardines de una elegancia y lujo sin par, donde el sultán y su harén pudiesen disfrutar los últimos años de su poder. .

A finales del siglo XV los cristianos, finalmente unidos bajo el mando de Castilla y Aragón, lanzaron una cruzada destinada a imponer su fe en el extremo sur de la península. Después de diez años de sitios y batallas, en el año 1492, tomaron Granada y su gran castillo de la Alhambra, poniendo fin al reinado musulmán en España. La mayor parte de lo que los musulmanes habían construido en la ciudad desapareció con ellos. El flujo de oro que vino de América parecía, al principio, ser inagotable, permitiendo que se reemplazaran muchos monumentos islámicos, y renacentistas también, con edificios más suntuosos en estilo barroco. Pero pronto el caudal se redujo, dejando un país arruinado y retrasado - y de nuevo vulnerable a la invasión extranjera, esta vez la de Napoleón. A principios del siglo XIX sus ejércitos saquearon los tesoros de España y de Granada, intentando incluso hacer volar la Alhambra, antes de retirarse vencidos.

Pero las ideas anticlericales que los franceses habían sembrado por toda Europa dieron fruto algunas décadas más tarde, cuando el gobierno español, de ideología liberal, expropió y subastó gran parte de las propiedades de la Iglesia. Desafortunadamente para los amantes del arte, la Reforma fue culpable de la mutilación y abandono de iglesias y monasterios en todo el país. Sufrió la Granada de los cristianos como antes había sufrido la de los musulmanes.

Durante este periodo, comenzaron a embovedar el río Darro que atraviesa la antigua ciudad, para crear una avenida que se extendía desde Plaza Nueva hasta su encuentro con el río Genil, suprimiendo así los finos puentes arqueados que antes unían las dos orillas, salvo los dos que sobreviven al pie del cerro de la Alhambra. La fascinación universal por Granada nació con el siglo XIX y su pasión romántica por los castillos medievales, precipicios brumosos y leyendas misteriosas - era la “fuga hacia atrás” de los descontentos de la era industrial. Esta postura resultó, y aún resulta, tan popular que los diarios, cuentos y grabados de los viajeros de la época crearon una imagen que viene envolviendo la ciudad hasta nuestros días. En las primeras décadas del siglo actual, Granada fue el escenario de un movimiento artístico de gran originalidad, impulsado por personalidades de la talla de Federico García Lorca y Manuel de Falla, cuyos versos y músicas proyectaron una visión destilada de la cultura andaluza, dando así nueva vida al embrujo universal de Granada.

de "Granada, tierra soñada por mí", por Lorenzo Bohme

 

 

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