Casa-Museo de Manuel de Falla

De Falla, que era gaditano, alquiló esta casa en los años 20 porque quería inspirarse en la cultura local para escribir sus apasionadas óperas flamencas. La dejó precipitadamente cuando estalló la Guerra Civil y buscó refugio en Argentina, donde murió. Casi medio siglo después, las familias de sus amigos granadinos se juntaron para redecorar la casa, tal como la recordaban y con los objetos personales del maestro que habían guardado amorosamente durante tanto tiempo, como monumento a su recuerdo.

El resultado de su labor es nada menos que un cofre de joyas culturales, todo dispuesto como si Don Manuel todavía viviese allí, con un alegre desarreglo que huele mucho más a casa que a museo. Se ven fotos y recuerdos de Lorca, la clavecinista Wanda Landowska, Claude Debussy y otros artistas de la época que venían a visitar a De Falla. Su piano y su máquina de escribir esperan la mano del Maestro en su estudio que domina la Vega - ya muy distinta de lo que era entonces, entrecortada por bloques de pisos y autopistas.

De Falla era un conocido hipocondríaco y a pesar del innegable erotismo de su música, llevaba una vida casta y austera; se dice que cuando era joven se enamoró de una muchacha que lo rechazó, y desde entonces se desinteresó totalmente del amor... Vivió hasta su muerte con su hermana, también devota, como lo atestigua la pequeña capilla que se ha reinstalado en su habitación. En la pared del dormitorio de Don Manuel vemos, en un bonito marco, una dispensa del Purgatorio otorgada a su nombre por el mismo Papa.


Hablando de purgas, la muestra más íntima de la exposición se ve colgada en el cuarto de baño: el tubo de goma que el crónico estreñido utilizaba todas las mañanas como lavativa intestinal. Maníaco de la limpieza, se pasaba habitualmente cuatro horas lavándose cada día. Podemos, también, ver la silla especialmente diseñada para él, con la cual los amigos lo transportaban al jardín cuando se sentía indispuesto, que era casi siempre...

Las óperas flamencas, como El Amor Brujo - quizás las piezas clásicas más "sexy" que jamás hayan sido creadas - le causaron verguenza más tarde e incluso declaró que las había compuesto únicamente para contribuir al moviemiento musical nacionalista que estaba entonces en boga. Preferió dedicarse a la composición de óperas al estilo antiguo, como El Retablo del Maese Perez, cuyas disonantes cantatas van acompañadas por sincopados clavecines, muy eruditos pero menos sensuales y, desde luego, menos granadinos.

Don Manuel y su hermana eran famosos en el barrio por su caridad cristiana, y daban de comer todos los días a los pobres en su cocina. Los niños del lugar pronto se dieron cuenta de que el más mínimo ruido enloquecía al excéntrico vecino, y cuando les hacía falta un dinerito, se ponían delante de la casa a cantar y golpear latas viejas, hasta que la hermana del maestro salía para darles unas monedas a cambio de largarse.

La casa en sí también es fascinante, hasta detalles como la instalación eléctrica con sus cables trenzados e interruptores de madera. Todo se ha conservado exactamente como estaba en aquellos años, dándonos una agradable sensación de estar penetrando no sólo en el hogar de un genio sino, también, en el pasado de un país.